Este mes, la revista Science publicó la evidencia más sólida hasta ahora de que un planeta rocoso y templado fuera del sistema solar —LHS 1140 b, a 48 años luz— conserva una atmósfera, posiblemente de nitrógeno, como la nuestra.

Tomo esa noticia como pretexto para revisar el expediente de nuestro propio planeta: la distancia exacta al Sol, la Luna que estabiliza el clima, el escudo magnético, un termostato hecho de rocas y una estrella tranquila. ¿Demasiadas casualidades? ¿Somos una rareza cósmica o uno entre millones?

La respuesta tiene un giro que quizá no esperan.